Autorregulación y autoapoyo del terapeuta en el proceso terapéutico

Partiendo, como principal propuesta, de los tres puntos de apoyo de la TG que son: el aquí y ahora, el darse cuenta y el contacto, el terapeuta ha de conjugar estos principios en el proceso que va teniendo lugar con su paciente en el encuentro terapéutico. 

Las habilidades del terapeuta y sus recursos, junto a su conocimiento y su motivación, han de procurar transmitir al paciente la capacidad y la necesidad de autoapoyo que éste tiene. Para ello es primordial conocer qué nivel de responsabilidad posee su paciente sobre su propio proceso y, en última instancia, sobre su propia vida. En realidad, la responsabilidad del paciente, y del ser humano en general, implica ser el autor de sí mismo, creando su propio destino, su propio ser, sus propios sentimientos y, también, su propio sufrimiento. De cualquier forma, si el paciente no quiere aceptar esta responsabilidad, culpando a otros o a su entorno de su fracaso, entonces no será posible pensar en una ayuda terapéutica. 

La responsabilidad es lo que da sentido a la existencia. Y tan responsable se es de lo que uno hace como de lo que prefiere ignorar. Para llegar a este punto de responsabilidad y de tener consciencia de la misma, es necesario, del mismo modo, un profundo conocimiento de sí mismo. Y esta investigación se va llevando a cabo en el proceso de terapia, mostrándolo al paciente a través del incremento de su darse cuenta, en el momento actual, con aquello con lo que va haciendo contacto, de lo que va sucediendo, en el encuentro terapéutico.

A esta exploración y búsqueda del terapeuta, es a lo que me refiero cuando digo que éste ha de ser muy consciente de cuáles son sus habilidades y recursos, su conocimiento y su motivación, para poder contactar con su paciente, con el propósito de conocer su grado de responsabilidad consigo mismo y saber movilizar su darse cuenta respecto a lo que está contactando en el momento presente para que, en última instancia, pueda tomar las riendas de su vida, de su autoapoyo, que es a lo que tiende el éxito en la psicoterapia.

He de señalar, asimismo, otro aspecto importante, en lo que a la propia autorregulación del terapeuta se refiere: el establecimiento de los límites. El terapeuta puede dar a conocer sus límites, mostrando de este modo a su paciente que él también será capaz, a su vez, de establecer los suyos propios, de tal manera que el encuentro terapéutico pueda tener lugar en lo que llamamos «frontera de contacto» y, en cualquier caso siendo muy consciente, el terapeuta, de cuándo ese límite de la frontera de contacto es sobrepasado, tanto por uno como por otro, en el proceso de la terapia. Esta toma de conciencia por parte de nuestro paciente puede conseguirse proporcionándole una breve información acerca de lo que yo llamo, la Terapia Gestalt de ir por casa, es decir, con una sencilla explicación de aquellos aspectos más sencillos, aunque importantes, de la TG, como los tres puntos de apoyo fundamentales, algunas breves indicaciones sobre el proceso de ser responsable de la propia vida, de los propios actos, la organización de las necesidades, etc. 

El terapeuta, por su parte ha de estar muy atento, en esta relación, a su «awareness», a su toma de conciencia de cómo va transcurriendo el encuentro terapéutico, dando cuenta, asimismo, al paciente, de lo que va sintiendo, a través de la expresión deliberada de su contratransferencia. Esta implicación controlada es, sin duda, una característica muy específica del modo de trabajo en el marco teórico de la Terapia Gestalt. Esta información que aporta con sus propias respuestas a la formulación de preguntas del tipo: «¿A qué le estoy prestando atención en la relación con mi paciente…?» o, «¿De qué me doy cuenta de mí en esta relación, cuando el paciente dice o hace algo que llama mi atención…?» y, «¿Cómo me doy cuenta de mí mismo en mi relación con mi paciente…?», será la forma de darle a conocer a éste su participación e implicación, para que tenga la oportunidad de desarrollar su darse cuenta en la interacción que está teniendo lugar durante el proceso terapéutico. Naturalmente, esta participación interactiva precisa de que el propio terapeuta haya analizado y siga haciéndolo, intensamente, sus propios mecanismos proyectivos por medio de una terapia profunda y una permanente supervisión.

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Personalmente, para conseguir esto, utilizo una técnica, que he compartido con otros colegas y en los seminarios, con los alumnos de formación, a la que llamo profilaxis del terapeuta, y que consiste en que, después de la correspondiente sesión, dedico unos instantes a reflexionar sobre qué hice demasiado y qué hice demasiado poco, o qué no hice, en esa sesión. Quizás puedo descubrir que no dije aquello que quería decir, o dije algo que siento que no era el momento… Es decir, apelo a mi responsabilidad para saber qué fue lo que construí con mi paciente y cómo elegí no hacer o no decir, o qué es lo que quise imponerle, etc., etc. 

Tengo siempre presente que las necesidades de mi paciente siempre están por encima de lo que yo pueda querer o pueda hacer con él. Cuando vienen solicitando asistencia terapéutica, lo hacen pidiendo ayuda para poder reconducirse hacia una forma de vida más saludable. No me cabe duda de que poder contribuir a este propósito, es lo que pretendemos quienes nos dedicamos a esta bella y magnífica profesión de la terapia.

 

Valencia Octubre 2016.

Manuel Sorando Martinez

Psicólogo, psicoterapeuta Gestalt

Psicólogo clínico